sábado, 7 de diciembre de 2013

Espacio



Se despertaba y lo primero que miraba era el lado izquierdo de la cama, vacío. Acompañaba este gesto de una exhalación y un pequeño impulso para levantarse.
 
No olía a café, puesto que no había nadie que lo preparase y una vez hecho, lo bebía en una taza desparejada.

Desayunó en silencio, con alguna que otra conversación de los vecinos de fondo, colándose palabras sueltas por la ventana de la cocina. 

Mecánicamente, fregó taza y plato, estirándose, haciendo que sus braguitas bajasen un poco, regalando al que hubiese podido verle la imagen de un par de huecos en las caderas y un vientre plano.

Domingo y todos los planes posibles eran sola. Y es que, la amiga que no tenía pareja, estaba en proceso de tenerla y si no, tenía cualquier otra ocupación que le impedía almorzar a medio día en cualquier terraza con ella, aprovechando el brillante sol de invierno del Sur.

Cuatro horas, dos temarios pasados a apuntes y siete capítulos de su libro favorito después, optó por salir.

Era un día especialmente frío y disfrutó envolviéndose casi la mitad del rostro con la bufanda y abrochando la cremallera de su chaqueta de cuero hasta arriba.
Lo malo de ese frío que a ella le encantaba es que era propicio para que apareciesen parejas paseando sonrientes por todas partes. Y no es que ella quisiera estar con nadie o, mejor dicho, no conocía a nadie que le interesase como para estar con él. Todo era culpa del invierno.

Ella quería espacio y lo tenía, pero quizás el espacio comenzaba a sobrar.


domingo, 20 de octubre de 2013

Inspiración y tú.

Ahora que sé que no vas a estar, la inspiración duerme en el hueco de colchón que me sobra.
Ese mismo que habías querido compartir conmigo tantas veces.

Y la ausencia se ríe,
como si hubiera ganado el reto entre tú y ella por ver quién se quedaría a mi lado.

Doliste t a n t o, que el concepto se queda corto y ahora padezco abandono crónico por tu culpa.

Y me odio. En un principio por la culpa de que te marcharas, ahora por permitirme dejarme a medio resolver, como el puzle con el que te empeñabas en compararme.

‘Eres preciosa. Tan misteriosa, tan mágica…’

Palabras bonitas, nada más. Y tú ibas armado de ellas hasta el cuello, llenándome de cicatrices que a simple vista no se ven, pero que escuecen -no al tacto, pero sí al sentir-.

Y me pregunto si recuerdas y te duelen todos los besos que no me diste, si en lo más remoto aún me quieres (encima de ti).

Cada día, aunque más bien justo antes de dormir, inspiración me arropa recordándome que no volverás, que ni siquiera has estado nunca.


Pero a día de hoy, me quedo con ella y con ese hueco de colchón de más, que al fin y al cabo no decidieron huir.

domingo, 13 de octubre de 2013

Meses



Conforme escribe, las palabras pesan como plomo sobre el folio.

¿Acaso la sensación de quererle no iba a desparecer nunca?


Marzo. Y una frase en el momento justo hizo que todo volviese a ser como antes e incluso mejor.
Pero ninguna primavera había dolido tanto y con abril, llegó el silencio.

El ‘¿qué he hecho mal?’ latía incesante, llenando sus días de ojeras y sus noches de pesadillas.

En mayo aceptó que había vuelto a irse; o eso se hizo creer.

Guardó mil y un ‘te echo de menos’ bajo llave dando paso a junio, queriéndole sin poder y deseándole un feliz cumpleaños del cual ni esperaba respuesta.

Verano, con sol y sal, hizo cicatrizar alguna que otra herida, permitiendo más de un beso y lo que parecía un atisbo de no volver a mirar atrás.

Pero llegó septiembre, donde recuerdos y rutina estaban ansiosos por volverse a ver.

Y cada día pensaba y pesaba más; y sentía menos, planteándose si realmente extrañaba a la persona o el simple pero agradable placer de poder contar con su apoyo.

Octubre.
Ocho meses después se atreve a escribirle o a escribir sobre ambos una vez más.

Quiere pensar que si lo hace es porque ya no duele o al menos no tanto, y que noviembre y diciembre estarán llenos de otros besos, porque ya se había cansado de soñar con los suyos.

miércoles, 4 de septiembre de 2013

Hablo de.




Amor. Sentimiento intenso del ser humano que, partiendo de su propia insuficiencia, necesita y busca el encuentro y unión con otro ser.

Y yo, partiendo de mi propia insuficiencia, no sé si fue amor, pero caí.

Hablo de saberme su olor de memoria, 

de la necesidad de su corazón latiendo en el lado derecho del colchón, 

de encontrar placer en el dolor, 

de la intensidad de las peleas, de lo perfecto de las reconciliaciones, 

de que el día fuera bonito, aunque fuese domingo, 

de hacer de la bañera un hueco más de la casa donde quererse, 

de creer volar con sólo estar encima de él, 

de decirle a la soledad que ni se atreviese a volver, 

de mirarle con miedo mientras dormía, por si despertaba –por si quería irse alguna vez-

de su mano en mi muslo mientras conducía,

de creer que era imposible sentir tanto,

de las charlas, de los silencios, 

de esos abrazos en los que podrías vivir para siempre, 

de besos a las tantas, 

de correr(nos) juntos

…

Hablo de. 

Bueno, creo que todos sabéis de lo que hablo.

miércoles, 28 de agosto de 2013

Rutina, sin más.

Hizo lo posible por distraerse, por no tener que enfrentarse al folio, pero cuando las palabras presionan, justo ahí, entre estómago y garganta, mejor soltarlas a tiempo.

Y por primera vez en mucho, quizás demasiado tiempo, no escribía por nadie que no fuera ella.

No, no sonriáis aliviados; si es difícil escribir cuando alguien te pesa, imaginaos cuando ese alguien sois vosotros mismos. Qué lastre no tener nadie a quien echar la culpa de tu mal humor, de tu enfado del día y de falta de apetito.

Rutina, sin más.

Te levantas pensando que ojalá pronto sea de noche para volver a dormirte y las agujas del reloj se te clavan entre las uñas, recordándote que el paso del tiempo también duele.

Y quizás algún día sales y ríes porque toca y no porque te salga, costando cada vez más que alguien o algo capten tu atención como aquella persona que alguna vez lo hizo en demasía.


Listones y expectativas demasiado altas.